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El deseo de las palabras by Miguel Cantos Díaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
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07 julio 2009

CON MI MUERTE VUELVO A TÍ, A TU POLVO, ENAMORADO...

En la brecha desnuda de la tierra desapareces, sin tejer palabras te busco en los libros. Te has ido, y aunque tus lecturas nunca las completé en mi memoria, te siento cerca y siento esa pesadumbre y temor de cuando alguien nos deja.

Y sucumbe mi mente, la memoria nos engaña y las palabras cuestan tanto salir. No se en que instante caí en el mar de la literatura, aunque sigo siendo un simple lector, que se parte el alma al intentar escribir. Pero se que en las pocas lecturas que conseguí de ti, encontré cierto rumbo en mi búsqueda; y me fui adentrando cada día más en la historia de la literatura o en literatura en la historia. Y te conocí en tu adolescencia, en tu muy corta militancia en el Partido Comunista y tus diferencias contextuales.

Supe de ti, de cuando visitabas a Joaquín Gallegos Lara y luego años después, cuando su presencia desapareció, regresaste a ese santuario intacto de convicción y esperanza. En esas cuatro paredes la subversión de un centauro nos envolvió a ti y tu generación y luego a mi y esta mierd... de generación. Supe que conversaste con Doña Enma y ella te dió algunos textos incompletos de Joaquín, que siempre tuve la curiosidad de decirte, donde estan, cuando te vea en Quito - a pesar que nunca lo hice, y que cuando me había decidido a buscarte y estaba por preguntarle a Pedro Saad Herrería tu dirección; para la próxima vez que regrese el frio irte a buscar. Te fuiste. (no se porqué pero lo mismo me pasó con Tránsito)- Y ver en tus palabras el rostro de joaco y saber de ti, de por que escribiste esa novela intensa y desgarradora que me perturbó por meses la conciencia, ese Entre Marx y una mujer desnuda que me cautivó, a tal punto que en algún momento pensé que era la propia vida de Gallegos Lara que estaba impregnada en tinta en ese papel. Ese tal Galvez cuantas veces sentí su presencia y las ganas eternas del reproche que me insinuó.

Hay... Margaramaría no sabes cuanto te odié y me enamoré de ti. Siento probablemente que ese odio se está extiguiendo, por la sencilla razón que no supe como mismo llamarte: si Margaramaría o Nela. Jorgenrique como me confundiste. Luego supe parte de la verdad, esa verdad que en su penúltima letra trae una mancha llena de mentira, que depende del tiempo si influye o no en la conciecia. Y que crees, las dudas aumentaron aunque me quedó claro esa parte de la historia que nadie quiere contar - o no les dá la maldita gana de acordarse-. Y que me obliga a veces a cegarme en el silencio.

Sin cegarme en estas lineas, la perennidad de esta tierra y su historia está en tu obra. Ya vendrán los desenfocados homenajes, y despedidas oficiales, extraoficiales y sin oficiales. El mejor homenaje que se le pueda dar a quien escribió por la Patria Grande, por sus grandes sueños y conquistas, es leerlo, leerlo en cada roja letra que taladran los libros, releerlo en este país donde casi nadie lee, donde nos inundan de porquerías extranjeras, de novelitas de amores y dizque testimonios de autosuperación. Leerlo en esta tierra donde la educación se cae a pedazos por culpa de unos cuantos oportunistas que se cobijan en las banderas de izquierda, donde los niños tienen sed de conocer y donde las esperanzas rompen esa absurda utopía.

Que mas te puedo decir.... Solamente que hoy te empiezo a leer otra vez.


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