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GESTIÓN CULTURAL PROVINCIAL

Para relanzar la política cultural de la CCE establecemos tres elementos: la participación ciudadana y popular, el consumo cultural y la creación de cultura.

SOBERANÍA CULTURAL

Políticas institucionales que consoliden la identidad, las tradiciones culturales en igualdad y diversidad impulsando la despatriarcalización de la cultura.

ECONOMÍA CULTURAL–CULTURA PRODUCTIVA

Crear políticas de co-gestión institucional entre artistas, creadores y GAD´s para consolidar bases de una economía cultural provincial sustentable.

LA HISTORIA COMO MOTOR DE TRANSFORMACIÓN CULTURAL

Impulsar proyectos de investigación y publicación sobre la recuperación de la memoria histórica y cultural a través de la sección de Historia de la CCE.

19 septiembre 2013

DE LO QUE LA MUJER HA INFLUENCIADO EN EL ARTE

Mostrar desde la perspectiva de la crítica, como espectador más que como artista, el espacio que han ocupado las mujeres en la historia del arte, simboliza el reconocimiento de su calidad pictórica, de la calidad de la pintura ecuatoriana, del desenvolvimiento en las adversidades, y el trayecto histórico de nuestro arte, forjado desde el asentamiento genético, múltiple, dominante. Producto histórico y cuantificable de las luchas de nuestro pueblo, fruto de la violencia de la conquista hispánica, consecuencia del mestizaje; del peregrinaje del artesano, de la Alta Colonia a la República. Mimetismo cultural, imposición compleja de una cultura, fusión de una heredad cultural que se reconoce como nuestra.
   El arte adquiere una importancia inigualable, es la expresión del ser humano, es la transmisión de conocimientos, es un producto histórico del entorno, de la sensación y la sensibilidad profunda desde las primeras sociedades, cuando el arte estaba unido a la magia, al fuego, a los colores de la naturaleza, de la lluvia, del barro o de las plantas. El arte tendrá siempre un carácter social, expresado desde las maravillosas pinturas rupestres de Francia y España, hasta el erotismo escultórico de la Valdivia de nuestras costas o en los durmientes de Alba Calderón de Gil.
   Es cierto que la práctica de las artes, en la antigüedad, solía ser incluida en la educación de las clases dominantes, de las élites, probablemente el arte era una mera distracción. Las mujeres artistas que hoy son poco conocidas por la historia oficial del arte, una historia incompleta, cercenada, pertenecieron sus obras al anonimato, de ahí que muy poco escuchamos sobre su papel en la autoría de las ilustraciones de los primeros escritos medievales de la vieja Europa, en la admiración de Durero a la obra de Susan Horenbout, o de Marietta Robusti, cuyas obras son muchas veces confundidas con la de su padre, el pintor Tintoretto.  Pero también con justa razón , el reconocimiento a Diana Scultori, también conocida como Diana Mantovana, a fines del siglo XVII, siendo la única mujer a la que se le permitió con permiso papal, firmar sus obras. Pero como podemos dejar a un lado a Isabel de Santiago, pintora y dibujante ecuatoriana, perteneciente a la prestigiosa Escuela Quiteña de arte del siglo XVII. Hija del famoso pintor Miguel de Santiago, fue además una de las poquísimas mujeres pintoras que lograron reconocimiento en la época colonial hispanoamericana.
   Los cambios vertiginosos del siglo XX, favorecieron el desarrollo de nuevas artistas, con nuevo elementos y creaciones. Tal es el caso de la francesa Sonia Delaunay, inspirada en las formas del cubismo y en los colores de Van Gogh y Gauguin, su estilo basado en la yuxtaposión o contraste simultáneo de colores puros rotos en prismas. O la aguerrida Tina Modotti, mujer de legendaria belleza e inteligencia, luchó activamente por la causa de Augusto Sandino, su obra fue admirada por Diego Rivera y David Alfaro Siquieros. Que decir de la influencia surrealista de Frida Khalo y su compromiso político, el tratamiento del subconsciente y casi infantil de sus obras y los colores que aplica se conjuga con la incorporación a la pintura de la tradición nativa mexicana.
   En el caso de este país, esta ciudad, Guayaquil, tierra cercada por la danza del mangle y del río, tierra de colores fulminantes, destacan de sus mujeres, de la profundidad de su mirada, de sus manos, a genios como Alba Calderón, de técnica realista, obra de fuerza y coraje, mujer de la generación del treinta, del "Grupo de Guayaquil", a quién, Leopoldo Benites Vinueza, expresara que ella “ha sido llevada a la vocación artística por una doble inclinación: la necesidad de expresión que le es inherente al artista y la necesidad de lucha que es inherente al reformador social. De allí que su arte, siendo un arte de impulso creador autónomo, sea al mismo tiempo un pregón de combate y un grito de protesta".  
   O de Araceli Gilbert, con su arte no figurativo, compuesta de la verticalidad del geometrismo. Su obra pictórica trasciende al pop-art, y se funde en la musicalidad de lo abstracto.
   Yela Loffredo, quien de sus manos brota como magia, el naturalismo, el expresionismo y sus formas abstractas, quien durante décadas a plasmado en la marmolina, el bronce o la resina el amor, la peculiaridad del romance, en el tratamiento de la escena, del entorno, de las formas amatorias.

   La figura de la mujer desde el contexto artístico, está compuesta de dos escenarios,  dos momentos: La mujer como representación iconográfica y la mujer como artista. Con una variación en las técnicas, en los colores, una percepción profunda de belleza, una poesía construida por pinceles, una prosa constante de tonalidades y concepciones.