Nocturnal

Bajo el paraguas de la lluvia anochecida,
señal incierta de los sonetos frescos de Guayaquil,
es evidente desde la singularidad de tus pestañas,
como creación explosiva de escarchas,
volcada con la desnudez de los libros,
sin la frecuencia lectora de aquellas tardes,
ebrias en narrativas y memoria,
con la mirada al cielo como abeja recostada en las flores,
provista en los párrafos de la obra de Jorgenrique Adoum,
empapada en la comprensión de las reivindicaciones,
abonada por mis voces con sabor a vino,
codificado en los manuscritos labrado en la tierra,
criptograma endecasílabo murmurado como poema,
guardado en la clandestinidad de la confesión,
adormecido en el silencio, por la dispersión del encuentro,
leyendo poemas mientras soy alumbrado por la lluvia,
como testimonio surcado entre la madera,
de la ventana donde el árbol ya no está.

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