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GESTIÓN CULTURAL PROVINCIAL

Para relanzar la política cultural de la CCE establecemos tres elementos: la participación ciudadana y popular, el consumo cultural y la creación de cultura.

SOBERANÍA CULTURAL

Políticas institucionales que consoliden la identidad, las tradiciones culturales en igualdad y diversidad impulsando la despatriarcalización de la cultura.

ECONOMÍA CULTURAL–CULTURA PRODUCTIVA

Crear políticas de co-gestión institucional entre artistas, creadores y GAD´s para consolidar bases de una economía cultural provincial sustentable.

LA HISTORIA COMO MOTOR DE TRANSFORMACIÓN CULTURAL

Impulsar proyectos de investigación y publicación sobre la recuperación de la memoria histórica y cultural a través de la sección de Historia de la CCE.

01 febrero 2014

Eloy Alfaro y el despertar popular



                                  Eloy Alfaro y el despertar popular       

Miguel Cantos Díaz

Los hechos que ocurrieron el 28 de enero de 1912 con el asesinato de Alfaro y sus tenientes, no impidieron que suideario y proyección histórica,continúe en las luchas y reivindicaciones del pueblo ecuatoriano. El alfarismo, ala radical del liberalismo, sabía que la revolución tal como lo dice José Peralta: “si no se redime al indio, no podrá ser terminada” comienza a debatir sobre la necesidad de luchar por un cambio en la tenencia de la tierra. Posterior a 1912, hay una sucesión de gobiernos plutocráticos, con unacomposición de clase concertadaentre la burguesía guayaquileña y los sectores terratenientes de la sierra, cuyas fuerzas, que apoyan estos gobiernos, fueron quienes organizaron la masacre de El Ejido.
Leonidas Plaza, vinculado a sectores gamonales de la sierra,o, Baquerizo Moreno, José Luis Tamayo yGonzalo Córdova, fueron presidentes impuestos por la banca, mediante fraude electoral y negociaciones comerciales, que una vez en el poder, explotaron cada vez al pueblo, creando una tiranía agrícola quedoblegó toda aspiración popular de crear una verdadera democracia.
Pero el pueblo, como una marejada, se levanta en medio de la angustia y la explotación, como una masa colérica, rebelde, implacable, insurgente; los indígenas y la clase obrera vanguardizan la lucha durante décadas. Entre 1913 y 1916, desde Esmeraldas, se organizó un movimiento revolucionario de grandes proporciones, dirigido por Carlos Concha Torres, viejo alfarista radical, que con machete en mano, movilizó a las montoneras para luchar contra la tiranía Placista. Consecutivamente las sublevaciones en varias partes del país se intensifican: en 1913 los comuneros de Chillanes en la provincia de Bolívar;  en 1914, el levantamiento indígena por la entrega de las tierras de las haciendas Quinua Corral y Espino; los levantamientos indígenas de 1916 en San Felipe del Cantón Latacunga que terminó con la masacre de una veintena de indígenas; la sublevación indígena de 1920, en  la provincia del Azuay, en varias comunidades como Quingeo, Sitcay, Sinicay, entre otras, quienes intenta tomarse la ciudad de Cuenca siendo posteriormente masacrados; los levantamiento indígenas de 1923, en Sinincay, en Pichuibuela, en Urcuquí y en Leito, siendo esta última, una de las más cruentas matanzas, tal como lo cita Oswaldo Albornoz a Efrén Reyes, en su obra “Del Crimen del Ejido a la Revolución de 1925”.
Pedro Saad Niyaim, en uno de sus primeros trabajos denominado “El Ecuador y la Guerra” en 1943, señalaba que “Nuevamente el pueblo marcha detrás de un jefe que ha vivido con él, que es la expresión humana de sus anhelos y de sus ideales. Nuevamente, marchan los hombres de Guayaquil, los campesinos de la costa, los indios con sus coroneles y generales, marchan esta vez tras Alfaro, hacia la revolución liberal, creyendo encontrar en ella la liberación definitiva, la liberación que pudo haber venido y no vino, porque otra vez el encomendero emboscado en los riscos andinos y en los bosques tropicales, apoderándose de la revolución, detiene su marcha, la desvía, y deja para nosotros la gran tarea histórica de continuar esa revolución y de llevarla hasta el fin”.
La revolución liberal traería consigo una influencia ideológica determinante en el naciente movimiento obrero, una parte de sus cuadros políticos formaban parte de algunas sociedades gremiales de trabajadores, como colaboradores o miembros de la misma. De igual forma para el triunfo de la revolución en 1895, Alfaro recibe el sustento político no de la burguesía comercial, sino de los trabajadores de la costa, quienes lo imponen como Jefe Supremo y quienes mantienen una movilización constante y revolucionaria, a tal punto que el Viejo Luchador fomentaría su organizacióndurante sus años en el poder.
Luego de la hoguera bárbara, la naciente clase obrera ve que la revolución ha sido truncada, es una época de confusiones ideológicas, de titubeos con el anarquismo, de fuertes luchas a nivel nacional, la clase obrera busca un camino para avanzar, y no es hasta el 15 de noviembre de 1922, el primer baño de sangre del proletariado ecuatoriano, en que comprenden su papel histórico y que el único camino es el Socialismo.
Durante estos años el creciente movimiento obrero viene luchando incansablemente por mejores condiciones de vida, tal es el caso del movimiento de la Sociedad de Carpinteros de Guayaquil y la sociedad Hijos del Vulcano, quienes pelean por implantar las ocho horas de trabajo en 1913, la cual en 1916 sería implementada legalmente; en 1917 en Quito, la huelga de los operarios de sastrerías por la elevación de salarios; en 1918 la huelga de los mineros de Zaruma por el alza de los salarios; o, la huelga de los obreros de las minas de Portovelo en 1919, quienes exigen el cumplimiento de la jornada de ocho horas.
Ese descontento popular influenció también en las filas del ejército, que en 1925, jóvenes  oficiales provenientes de una liga secreta con ideas cercanas al socialismo,  provocan un golpe militar, tomándose el poder del Estado y creando las condiciones para impulsar leyes a favor de los trabajadores, como la Ley de trabajo de mujeres y menores y de protección a la maternidad, la Ley de contrato Individual de trabajo o la Ley de duración máxima de la jornada de trabajo y descanso semanal. A pesar de estos avances y reformas  sociales, este intento de revolución es detenido por sectores derivados de la banca y aristocracia serrana que se incrustan en el poder y provocansu retroceso.
En tales circunstancias que vive el país, nace en 1926 el Partido Socialista Ecuatoriano, que en 1931 se denominaría Partido Comunista del Ecuador, siendo esta la primera vanguardia de la clase obrera con una plena conciencia de transformación, muchos de ellosprovendrían de las viejas huestes alfaristas, que influenciados del marxismo y con el compromiso de cambio que propugnara Alfaro, optaronpor una vía más radical.
A pesar que en el transcurso de los años el partido liberal entró en un contubernio político con sus antiguos enemigos los conservadores, y toda una sucesión de presidentes liberales, el pensamiento de Alfaro se iba quedando para la postergación, el liberalismo dejó de reivindicarlo. No fue sino de la investigación de Elías Muñoz Vicuña, joven historiador comunista, miembro de la dirección del PCE, quien decide recuperar la memoria del viejo luchador, publicando en 1955 “Obras escogidas de Eloy Alfaro”, constituyéndose un fuerte empeño por recuperar no solo su figura sino el legado de lucha para de forjar una verdadera patria. Han transcurrido ya casi medio siglo desde la muerte de Alfaro, y el despertar popular se ha intensificado, este texto es solo una breve descripción de esa lucha, lo que vendría después aún está por contar.