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20 mayo 2015

Eduardo Galeano y el desafío del pensamiento crítico

La reflexión, la crítica y el debate político literario, la posibilidad de construir otros parámetros de comprensión de nuestras vivencias, de lo conceptualmente real, y no de la teorización imaginaria, ilustrada, con una complejidad verbal que da miedo por su incomprensión y por la dificultad de pronunciarla.

El desafío fulminante de la trinchera del periodismo como plataforma de militancia política comprometida con las grandes mayorías, aquellas que solo han sido contabilizadas en las urnas, en los jolgorios políticos para llenar grande estadios o extensas calles e interminables filas; afincadas en los vacíos, en la manipulación, en la incomprensión de un sistema que por décadas ha tenido como único objetivo el exterminio de las libertades, de las palabras expuestas en los muros de las calles con los dedos manchados de tanto grafiti pero con la alegría de haber conquistados las paredes, o en las tribunas de los sindicatos, en las reuniones en los centros agrícolas y en las aulas universitarias entre la complicidad de los libros que van influenciando en la estrategia juvenil que se va delineando en las nerviosas manos de aquellos sin voz, en la táctica conjunta, colectiva, dispuesta al cambio; sin intermediarios, sin “vendedores” ni “especialistas” de la esperanza, asfixiando la voluntad de organizarse, imponiéndoles discursos ajenos, creándoles agendas mitómanas bajo los esquemas burocráticos de un listado de participantes que luego tienen que llenar.

 América Latina ha desafiado al orden existente, se ha levantado, se ha movilizado y ha creado un nuevo pensamiento crítico, alternativo, de un mayor carácter revolucionario a pesar de mas de dos década de ausencias intelectuales, quienes reorganizaron sus criterios ideológicos a partide la contra revolución en la Unión Soviética, y terminaron abrazando durante los noventa las caderas voluminosas de la posmodernidad pacata y reaccionaria que promulgaba a viva voz el fin de las ideologías y el fin de la historia. No fueron todos, pero quienes quedaron, cargaron en su lenguaje las penurias de los desposeídos, de los sin tierra, y se enfrentaron a la intransigencia intelectual, a la ceguedad política y a la ausencia una literatura imponente, crítica y reflexiva.

Eduardo Galeano, corresponde a aquellos que rompieron los prejuicios teóricos, su comprensión revolucionaria del entorno latinoamericano fue la base fundamental para constituir un nuevo pensamiento regional y colectivo. Supo crear una defensa solidaria ante el pueblo oprimido, desde un lenguaje cotidiano, accesible, movilizador y reflexivo. Desde su condición de escritor comprometido su palabra reivindicó aquellas miles de voces que fueron calladas.

1989, es el año del fin de la historia, un personaje pintoresco de apellido Fukuyama, director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos, acuña el término. Desde ahí se comienza a hablar de democracia liberal, de humanización del capitalismo, que en claros términos no es más que una máscara del imperialismo para fortalecer su influencia opresora. Paradójicamente al sur de la frontera, el 27 de febrero de 1989 significaría la primera batalla contra el neoliberalismo, desde un país altamente petrolero pero con los índices más altos de pobreza y desigualdad. El Caracazo, aquel sismo político no solo cambiara la correlación de fuerzas dentro de Venezuela, sino que plantearía  un nuevo rumbo en América Latina.

Eduardo Galeano, desde los umbrales del periodismo literario desembocaría sus percepciones en las conciencias rebeldes de aquella generación, de aquellos que estudiaron detenidamente “Las venas abiertas de América Latina”, aquellas páginas reforzarían una criticidad más profunda en torno a la historia de nuestro continente. La posibilidad de inventar nuevos esquemas entre la ortodoxia periodística y la enclaustrada literatura rompió los cánones de una literatura “light”, colonizada; para fortalecer nuestra identidad desde las palabras, de la prosa contundente, de la textualidad de una lucha constante desde varios frentes que nuestras posibilidades en tiempos de desesperación han creado.

 Quienes nacimos a mediados de los 80, logramos desde las icónicas anotaciones de los profesores en las clases de literatura, adentrarnos con dificultad en su obra. A diferencia de quienes que por diversas circunstancias, nos adentramos en las luchas estudiantiles, con la esperanza gritando desde el pecho en las calurosas calles de Guayaquil, nos fuimos formando a base de su pensamiento, a base del estudio riguroso de sus escritos en las tardes calurosas en el local de la Juventud Comunista.

Crecimos en medio del caos que atravesaba el país, que no solo era el cambio de un siglo, la crisis social y política que atravesamos, en medio del descrédito de la política, quedándonos huérfanos de una literatura que nos represente, pero así mismo inventándolo todo con aquella esperanza de creer en ese mundo nuevo que Galeano miraba desde el horizontes de sus palabras.



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