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GESTIÓN CULTURAL PROVINCIAL

Para relanzar la política cultural de la CCE establecemos tres elementos: la participación ciudadana y popular, el consumo cultural y la creación de cultura.

SOBERANÍA CULTURAL

Políticas institucionales que consoliden la identidad, las tradiciones culturales en igualdad y diversidad impulsando la despatriarcalización de la cultura.

ECONOMÍA CULTURAL–CULTURA PRODUCTIVA

Crear políticas de co-gestión institucional entre artistas, creadores y GAD´s para consolidar bases de una economía cultural provincial sustentable.

LA HISTORIA COMO MOTOR DE TRANSFORMACIÓN CULTURAL

Impulsar proyectos de investigación y publicación sobre la recuperación de la memoria histórica y cultural a través de la sección de Historia de la CCE.

23 febrero 2016

Luchar por una Ley de Culturas de carácter revolucionario y popular, es nuestra consigna

Ante el anuncio del presidente Correa sobre el debate de un nuevo Plan Nacional de Cultura, en el marco de la  Feria Internacional del Libro en Quito, los artistas y promotores culturales hemos  venido discutiendo desde hace más de cinco años, en varias propuestas para fortalecer el proyecto de ley; frente a esto, los artistas, promotores, gestores culturales y la población en general   tenemos que clarificar los roles del Estado, el de la instituciones públicas y privadas en los espacios de desarrollo cultural, además del rol esencial de la población para la construcción de verdaderas propuestas que democraticen el acceso, la promoción, el incentivo y la difusión de la cultura.  Pero frente a esto debemos de estar claro que una Ley Orgánica de Culturas, puede crear un nuevo marco jurídico pero también es el puntal del desarrollo cultural en nuestro  país, para lo cual, se tiene que plantear un mayor debate en los análisis y modificaciones ante las leyes, que frente a las circunstancias actuales, son leyes caducas.

Vale recordar  que la Ley de Culturas tenía que ser aprobada  hasta octubre  del 2009, según lo dispuesto en la segunda disposición transitoria de la Constitución de Montecristi, aprobada en el 2008, y la cual de acuerdo al trámite ejecutado por la Asamblea Nacional, terminó en un informe para segundo debate en el 2010, concluyendo hasta la actualidad en el estancamiento a pesar del Informe de Mayoría para Segundo Debate del Proyecto de Ley Orgánica de Culturas propuesto en junio de 2014 dado por la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología como un alcance a los informes para su debate, pero el cual no recoge realmente los debates populares que las   organizaciones culturales del país, han venido organizando.

Uno de aquellos puntos de discusión es sobre el papel de la Casa de Cultura Ecuatoriana, su  papel   de organismo rector, en contraposición al del Ministerio de Cultura u otros entes gubernamentales que generan políticas culturales. No es posible que existan dobles funciones,  directrices culturales diferentes desde los diversos entes del Estado en materia de cultura y que hasta la fecha se no haya logrado articular. Es claro que el actual Sistema Nacional de Cultura mantiene falencias en desarrollar efectivas políticas culturales amplias, que incentiven la creación artística, el fomento;  la incidencia del papel de la cultura entre la población ecuatoriana,  sin que esto caiga en una monopolización del quehacer artístico, o la promoción  de determinados entes u organismo culturales privados, estatales o desde una óptica independiente de acuerdo a su sentido de clase, o su composición económica, y que caiga en la desvinculación de la población en una verdadera cultura de carácter popular y revolucionaria.


Los y las artistas junto con la población hemos venimos exigiendo y formulando propuestas que incentiven la creación de salas y espacios públicos culturales, el incentivo entre los nuevos artistas, y elencos artísticos de carácter estatal, estamos planteando mecanismos de acceso democrático a la vida cultural desde los establecimientos de educación secundaria y universitaria, vinculando el quehacer cotidiano de los barrios y comunidades en entornos culturales que sustenten y defiendan la recuperación de la tradición, de la memoria histórica, la identidad y las costumbres  de nuestros pueblos, sin caer en el juego de la mercantilización  y el colonialismo  cultural.