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14 enero 2010

Latinoamérica junto a Haití

El devastador terremoto que sacudió a Haití el pasado 12 de enero, según informes de la Cruz Roja ha afectado a más de tres millones de personas. En el transcurso de las horas la noticia ha corrido por todos los rincones del mundo y las movilizaciones de ayuda desde varios países han sido inmediatas. La solidaridad con el país más pobre del continente americano es fruto de la hermandad de nuestros pueblos latinoamericanos, que rebasa nuestras fronteras y lucha día a día contra la dura opresión y desigualdad social, económica y política que afrontan nuestras naciones, fruto de varias décadas de dominio y explotación capitalista.


Paul Conneally, vocero de la Cruz Roja ha señalado que podría haber hasta tres millones de personas afectadas por el terremoto, prácticamente un tercio de la población nacional esta siendo afectada. Varios países están enviados destacamentos de socorro para ayudar a las numerosas víctimas en Haití. República Dominicana, EEUU, Puerto Rico, Nicaragua, Honduras, Colombia, Venezuela, etc; son algunos los países donde la ayuda ha sido inmediata.


Desde La Habana, capital mundial de la solidaridad, decenas de médicos y medicamentos han sido enviados al hermano país. En el trascurso de las horas, 403 médicos cubanos han atendido a más de 700 personas luego del sismo que sacudió la nación caribeña.


La recuperación de Haití, luego del fatal terremoto, tiene que ser urgente. Haití es uno de los países con mayores desigualdades sociales y económicas, producto de corruptos gobiernos afincados en las faldas del imperialismo norteamericano, que solo han traído hambre, enfermedad y destrucción a su pueblo.


Haití, llamada en algún tiempo lejano Quisqueya por sus pobladores originarios Arawaks y Taínos, antes del genocidio de la colonización que los exterminó, fue la primera república en Latinoamérica, que bajo la dirección revolucionaria de Jean-Jacques Dessalines, Henri Christophe y Alexandre Pétion, radicalizaron a las fuerzas patriotas de liberación logrando una verdadera fortaleza de unidad de negros y mulatos, obligaron la capitulación de las tropas del imperialismo francés; proclama su total independencia el 28 de noviembre de 1803. Dos siglos después, su pueblo heroico proclama una segunda independencia, esta vez del imperialismo norteamericano y de la oligarquía nacional. En sus calles polvorientas, recorren cientos de niños y mujeres muertos de hambre, llenando sus entrañas con galletas de lodo y esperanzas.


La miseria agudece día tras día, el 70% de su población vive envuelta en las garras de la pobreza. Los haitianos tratan de subsistir de la agricultura en un país donde la explotación forestal va en aumento y las tierras a falta de agua se están volviendo estériles, a medida que se acrecienta el problema del calentamiento global. En estos momentos en que el pueblo de Haití se debate entre escombros, ruinas y desigualdad, la esperanza y solidaridad de aquellos hombres y mujeres provenientes de todos los rincones de esta América mestiza no puede desmayar.



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